En la restauración del preciado monumento dos nombres claves se pueden citar por sus interés u dedicación: el Dr. Florencio Cerviño, Obispo de Ourense y el Padre Juan María.
El primero convirtió en algo personal la reconstrucción del Monasterio y tan pronto tomó posesión de la diócesis de Ourense (1922) y visitó el Monasterio de Oseira, completamente en
ruinas y, sintió traspasado el corazón de dolor, formando propósito firme de trabajar con todo empeño para lograr su restauración y entrega a la misma orden cisterciense que había sido la creadora del monumento.
Hacia el año 1926 el Dr. Cerviño inicio las primeras gestiones con el Cister con el objetivo de ofrecerles el Monasterio de Oseira ya que algunas de las comunidades cistercienses, como claro ejemplo la comunidad de Val San José (instalados en Getafe - Madrid), no disponían de instalaciones sanas. Tras no llegar a buen puerto, las negociaciones se encaminaron al abad del Monasterio de las Nieves (La Bastide-Lozère Francia) quien aceptó la fundación y obtuvo la aprobación de la misma en el Capítulo General de la Orden en 1928.
El 14 de octubre de 1929 llegaron a Ourense varios monjes, los cuales ya por la tarde se desplazaron a Oseira para hacer preparativos para el día siguiente, que llegarían el resto de los monjes.
Una vez instalados en Oseira su primer gran objetivo fue la creación de una central eléctrica que les aportase luz para el Monasterio. Querían aprovechar el abundante agua que desprendían aquellas montañas y corría impetuosa a fundirse con el Arenteiro hasta desembocar en el Miño. 
La inesperada visita de Dom Agustín Martín, abad del cister, el 4 de febrero de 1930, la aprovecharon los monjes para viajar a Vigo con objeto de adquirir unas turbinas para producir electricidad. Tan en serio se lo habían tomado que el 23 de febrero ya se podían ver los postes para el tendido eléctrico , lo que otorgaba a la zona un aspecto de "país civilizado", como alguien dijo.
Cuando en la primavera de 1930 el Doctor Cerviño acompañado de D. Pedro Rey Daviña visitó Oseira, se encontró con gratas sorpresas al ver el edificio ya con puerta y ventanas en la fachada principal.
- LAS PRIMERAS REMODELACIONES.
Todo el edificio se encontraba a la intemperie y desmantelado salvo el ala de poniente del Patio de Los Caballeros en la que se hallaba la vivienda del párroco y una pequeña escuela, pero bien pronto dejaron todo libre para instalarse los monjes.
La primera obra que realizaron fue la fuente del Patio de Los Caballeros, en el mismo sitio y que reemplazaba a la que se habían llevado a Cúrense, y que hoy adorna el ourensano Jardín de Posío. Ésta fue obra de Hº Esteban (uno de los que había venido de Francia).
A pesar de su avanzada edad el Hº Esteban acometió otras obras de restauración, como la bodega y el local de embalar cajas y barriles, así como el local donde más adelante se ubicaría la fábrica de quesos, todo esto en 1930, y al año siguiente recuperó la secretaría. En 1932 dedicó sus actividades a otro local destinado a Comedor de Huéspedes, al que seguiría el adecentamiento del taller de embalaje, el salón destinado a máquinas y cámara frigorífica. Fue por todo esto, el Hº Esteban considerado como pionero en las restauraciones.
El primer diplomado en dirigir las obras de restauración, Alejandro Ferrant, se encargó de la capilla románica, los ventanales de la iglesia (cerrados años atrás) y las escaleras del dormitorio.
En la primera etapa de las restauraciones oficiales se hizo otra labor de carácter estético: limpiar el encalado de la sala Capitular o de las Palmeras, dejando la piedra al descubierto.
De los labios de Faustino Santalices, secretario del Gobernador Civil, brotó la idea de la construcción de un reformatorio para niños en las instalaciones monacales. El Hº Paúl calculó la obra en 200.000 ptas haciendo los planos de los locales idóneos para tal fin.
En los años de la Guerra Civil Española, los negocios del Monasterio fueron exitosos ya que el cava catalán no podía ser vendido, el fabricado en Oseira tomo bastante relevancia. No siguió igual suerte la fábrica de quesos, que tras surgir ciertas dificultades fue trasladada a Celanova en 1938 y hasta e Hº Pablo fue multado doblemente por el queso vendido en el Monasterio que, en ocasiones, presentaba ciertas deficiencias.
Si bien todos los monjes han aportado su grano de arena a la obra restauradora de Oseira, es de justicia reconocer que uno de ellos se lleva la palma, el que desgastó su vida en un sacrificio incesante de muchos años al frente de las obras, este fue el Padre Juan María, cuyo nombre bien merece ser grabado con letras de oro al lado del Dr. Cerviño, puesto que ambos se completaron.
Lo que tal vez faltaba al Padre Juan María de cultura brillante y llamativa le sobraba de ingenio y equilibrio. Lo demostró de mil maneras, sobre todo en la restauración total del edificio, llevando a cabo una serie de obras muy difíciles, capaces de acobardar el ánimo más esforzado. Era corriente el dich
o entre arquitectos cuando surgía algún problema de difícil solución "llamad al Padre Juan María, ya veréis como pronto lo resuelve". Y así era, sabía de obras, de carpintería, de electricidad, en definitiva, una enciclopedia viviente.
Era además de gran conocedor de todos los entresijos de las materias antes citadas, un gran amante de la economía ya que de todos era conocido el dicho de "El Padre Juan María de un duro hace veinte". Su trabajo era de tal agrado de todos que hasta los responsables de Bellas Artes dejaron en sus manos la concesión de subvenciones, sabiendo que en sus manos se multiplicaría el dinero.
En los últimos años, sintiéndose falto de salud y con problemas cardiacos, se vio obligado a retirarse para descansar. Muy poco pudo disfrutar de tan inmenso trabajo, ya que en enero de 1992, aquejado de una fuerte gripe, que afectó a las vías respiratorias, tuvo que ser ingresado en Cúrense. Un año más tarde , un 19 de enero de 1993, el Padre Juan María falleció a las once y media de la noche en compañía del padre-abad, después de haber dedicado su vida a los demás.
No solo Oseira se benefició del trabajo del Padre Juan María, ya que obras como el Monasterio de San Miguel de las Dueñas (León) y la iglesia y gran parte de edificio de Ferreira de Pantón fueron obras exitosamente dirigidas por él.
Hasta 1950 no fueron muchas ni demasiado importantes las obras de rehabilitación. Dejamos a un lado las obra del Hº Esteban y vamos a centrarnos en las obras de envergadura, en las cuales comenzó a despuntar el ingenio del padre Juan María.
En 1953 se restauró la torre de la iglesia, la del norte, que había sido decapitada por un rayo en 1927. La restauración costó 70.000 ptas y los técnicos lo consideraron una bicoca, pero al ser costeada por la comunidad facilitó el ahorro.
A pesar de que las ayudas eran pocas las obras siguieron su cauce. El torreón sureste, el Patio de Pináculos, que se hallaba hundido y desmoronado en sus ángulos, el Estado reconstruyó los muros y la comunidad la bóveda del mismo y la cubierta. El antiguo oratorio de enfermos conservó su bóveda de crucería restaurando a la vez toda la nave del mediodía de Patio de Pináculos.
En el año 1966, y tras conceder al Padre Juan María la singular excepción de entregarle a él las subvenciones para administrarlas, comienza la rehabilitación de la vivienda, que era en torno a la parte alta del primer patio, llamado de Los Caballeros. Era la destinada a escritorio o salón de estudio de los monjes, biblioteca, noviciado, sala capitular y servicios higiénicos. Derribó todo el techo, se hicieron todas las vigas de hormigón armado y varas de hierro. Una vez hecha la techumbre, vaciaba el interior y las acondicionaba según las necesidades, respetando siempre las paredes maestras y moviendo o tirando tabiques según hiciese falta.
En el escritorio suprimió el cielo raso, falto de valor, e hizo una bóveda de rasilla, quedando un local precioso, con sus balcones al exterior. Al mismo tiempo se dotó de calefacción optando, después de varios ensayos con varios sistemas, por los radiadores de agua caliente. Construyó al mismo tiempo una serie de duchas, cuartos de aseos y lavabos.
A continuación emprendió la labor de crear dormitorios individuales para una mayor comodidad.
En 1968 se centraron las obras en el calefactorio, donde no quedó más que la
gran chimenea de éste, muy original, acabada en cubo. Se levantó todo el piso de la zona para ser adecentado con piedra y baldosa, se reconstruyeron los muros y se colocó una cubierta adecuada.
A continuación se comenzó a restaurar la iglesia levantando el piso, con la intención de sanearla, se sacó de ella el espesor de un metro de tierra supliéndolo luego con arena, grava y hormigón, volviéndose luego a colocar la piedra pero bien escalada y en hileras uniformes. Al mismo tiempo se limpió y encintó toda la piedra y se recuperaron columnas y bóvedas que antes parecían mutiladas.
Finalizaron las oras del templo en 1973 dejándolo tal y como hoy se encuentra , sencillo pero fascinante. Fue esta la obra donde el ingenio y la economía del Padre Juan María dio pruebas de una capacidad admirable, pues solamente pusieron en sus manos dos milos de pesetas. Poco a poco el Monasterio fue cambiando de aspecto, la reconstrucción de la atalaya, la unificación de las ventanas del Patio de Pináculos, los contrafuertes del mismo patio fueron las obras más importantes hasta 1975.
Una nueva hospedería, con amplias habitaciones, calefacción y todos los servicios indispensables, le trajo más de un dolor de cabeza ya que al pedir presupuesto de camas, sillas, mesitas, etc. y no poderlo cubrir (ascendía a algo más de un millón de pesetas) él mismo se lanzó a realizarlos junto con sus obreros. Por la mitad o la tercera parte de lo que le pedían dejó una hospedería más que digna.
En esta época dirigió los trabajos de elaboración de la sillería de la iglesia, que circunda el presbiterio, labrada por el mismo y por sus obreros.
En todo el Monasterio dejó lámparas y faroles que nada envidian a los hechos en fábricas especializadas.
En 1977 comenzó la que se dice su obra maestra, la reconstrucción de la
bóveda gótica del refectorio, construida hacia 1572. La reconstrucción quedó perfecta es la admiración de todos los entendidos.
Casi al mismo tiempo llevó a cabo la reconstrucción del solario, solana o terraza para tomar el sol, otra de las grandes realizaciones que embellecen no poco el Monasterio.
En 1983 inició la reconstrucción del dormitorio de ancianos, un año después de haber iniciado la de las escaleras de los Obispos.
Con estas obras quedaba el Monasterio virtualmente reconstruido, por más que todavía faltaban detalles, algunos de importancia como la limpieza y encintado de muros exteriores, saneamiento de patios, etc.