El Cuento

Español

Ya no hay tiempo para contar cuentos, la vida nos hace movernos de prisa y ya no nos queda tiempo para contar cuentos, por lo que practicamente no disfrutamos del placer de escuchar al que con mucha gracia contaba las cuentos, pues en casi todos los pueblos de nuestra Galicia y de nuestra España han existido seres simpáticos y graciles que contaban cuentos para pasar el tiempo.

Hoy no nos queda tiempo para escuchar cuentos, nuestras vidas siguen una carrera loca por llegar pronto, así los medios de comunicación que se construyen invitan a viajar de prisa sin dejarnos ver el paisaje que era un medio de disfrutar de la vida. Los medios de transporte son cada vez más rápidos; los aviones son más rápidos que el barco y en unas horas nos transportan desde nuestras casas a otras partes del mundo por nosotras desconocidas para conocer otras culturas y otras gentes. Pero, vale la pena vivir tan de prisa, si al fin vamos a vivir lo que el todopoderoso nos tiene asignado.

Que hermoso era escuchar al cuenta cuentos y leer cuentos pero como digo ya no hay tiempo para disfrutar del cuento . Mi abuelo Manuel hace muchos años, allá por 1.935, me contaba cuentos, yo niño de 5 años estaba siempre presto para escuchar al abuelo, yendo para junto del siempre que podía ausentarme del autoritarismo de mi bien amada madre, a su lado pase los mejores días de mi niñez. El abuelo había vivido muchos años en Cuba y había asistido a la perdida de Cuba en 1.898 por lo que me hablaba de aquella etapa de la Historia de España, de la voladura del “Maine” de la guerra con Estados Unidos, cuyos hechos más tarde he leido en los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.

Ya hace años que el abuelo se marchó y sus cuentos con él, y yo he surcado los mares, y ya también abuelo sigo recordando sus cuentos. Hace años me persone en la catedral de la Habana para saber si el abuelo me había mentido pero no, allí estaba aquel San Cristobal del que me hablara que siendo tan grande no cabía en la catedral y así era, allí se encontraba el dicho santo arrinconado en una esquina de la catedral, notandose que le habían reducido el pecho para poder tenerlo dentro de dicha catedral. Por aquellos años de mi niñez me regalo un cuento de nombre “ BERTOLDO, BERTOLDINO Y CACASENO” , libro del poeta italiano del siglo xv C. Della Croce. Dicho librito hacía muchos años que se había perdido, pero su recuerdo y los cuentos que contenían seguían fijos en mi mente, por lo que después de mucho buscar en las librerías, logre localizar dos libros gracias a internet, uno en una libreía de Toledo y otra en Madrid quedandome con el de Madrid el cual figura en mi biblioteca como el más preciado libro de cuantos tengo, pues me sirve para recordar al abuelo y a los cuentos que el me contaba; en esta etapa de nuestras vidas en que la mayor parte de las gentes viven del cuento pero no tienen tiempo para escuchar al cuenta cuentos ni para leer cuentos.

ANGODA

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