Recordando al Hermano Paul

Galego

Ya nos acercamos a los 75 años de vuestra presencia en Oseira y es mi deseo recordaros a vós y a vuestros acompañantes en aquella data del 15 de octubre de 1929 que en compañía de los Reverendos Padres Agustín Martín e Ildefonso y el hermano Fermín, llegabais al Monasterio de Oseira para comtemplar la ruina de tanta grandeza, era tal el abandono en que se encontraba el monasterio, que no sabiais por donde empezar, pués la desarmotización de Mendizabal a finales del año 1835 había puesto fín a tantos años de historia del Monasterio, desde que en 1135 se cita a una comunidad de monjes dirijída por Don García que obtiene del monarca Alfonso VII permiso para instalarse en Usaria lugar poblado de osos- y ríco en aguas. Las donaciones de este monarca y sus descendientes Fernándo II y Alfonso IX fueron la base del patrimonio que con el tiempo llegó a tener Oseira dandonos idea de su potencial económico, los innumerables cotos y granjas, más  de 40 iglesias, centenares de aldeas, como Marín en Pontevedra que surtía a los monjes de pesca fresca; Y Vós, Hermano Paul llegais de la dulce Francia para arreglar tanto desaguisado que la rapiña y abandono de 94 años habían convertido al  Escorial Gallego.

Este que escribe para recordaros nacía un año después de vuestra presencia en Oseira pero tuvo la suerte de conoceros y pasear por el convento de vuestra mano oyendo el cantinar de vuestro verbo castellano con el sin par acento  galo, que en mis pocos años de entonces me hacía soñar con otras tierras fuera de mi natal Galicia.

Hermano Paul,  erais en la comunidad organizada el 24 de octubre, el encargado de la carpintería y de la mecánica siendo el noble oficio de la carpintería el que me ayudo a conoceros pués mi padre trabajaba de carpintero, por esas datas en el convento. A través de los años siempre os he recordado visitando muchas veces vuestra tumba en el pequeño cementerio de la comunidad mientras ha existido pues hace bastantes años que en una de mis visitas ya no existía, posiblemente para dar paso al enterramiento de otros frailes en el pequeño recinto destinado a la comunidad. Hoy mi recuerdo a pesar del tiempo sigue vivo, y cuando visito un convento sea Oseira u otros de los esparcidos por las tierras de Galicia o del extranjero, viene a mi mente vuestro recuerdo con aquella frase que con acento francés me deciais: “El pequeño Andrés”.

Para destacar la grandeza monacal, nada mejor que escuchar el sentir del fraile de la Trapa  H. Rafael.

Uno de los encantos de la vida monacal, es el estar oculto a las miradas del mundo. Para dedicarse a un arte, para profundizar en una ciencia, el espirítu necesita soledad y aislamiento, necesita recogimiento y silencio. Ahora bien, para el alma enamorada de Dios, que ya no ve más arte ni más ciencia que la vida de Jesús.. le es necesario ocultarse a todos, le es necesario ocultarse con cristo, buscar un rincón en la tierra.. y allí estar a solas con Dios.

ANGODA

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